Los Cuatro Pilares de la Transformación

Por Jousin Palafox

Me pidieron que diera una plática… Pregunté sobre qué tema y sin muchas complicaciones me dijeron: “¡De lo que tú quieras!”. La respuesta fue sencilla, pero a mí me hizo todo mucho más complicado pues digamos que la seriedad no es mi mayor fortaleza y me vinieron varias ideas a la cabeza.

Pensé en hablar sobre las ventajas de un holocausto zombie, superhéroes americanos a quienes podría vencer el Chapulín Colorado o las enseñanzas sobre el cortejo que mis perros me han dejado… Pero hice un esfuerzo y guardé silencio. Durante varios años he dado conferencias en diferentes foros y escenarios, la mayor parte de las veces para jóvenes universitarios. Regularmente hablo sobre técnicas de comunicación oral o el poder de la palabra, algunas otras sobre las maravillosas enseñanzas que me han dejado mis viajes e incluso sobre el bullying escolar. Pero esta vez quería que fuera diferente, pues hablar de lo mismo, a mí mismo no me divierte. Entonces tomé el reto y hablé sobre los “Cuatro pilares de la transformación social”.

Siempre que analizamos a nuestro México nos preguntamos por qué otros países europeos o asiáticos están tan evolucionados y nosotros parecemos enclaustrados en el siglo pasado. Nos molesta saber que aquí un celular perdido se convierte en un inmerecido regalo para quien lo encuentra, pues es cotidiano que lo apaguen y jamás lo devuelvan. Lamentamos que cualquier politiquillo de poco pelo se convierta en millonario tras unos años de gobierno y no entendemos cómo liberar nuestra democracia secuestrada por tanto parásito partido. Pues mi análisis es el siguiente… Observando a otras culturas he descubierto que las únicas cuatro maneras de transformar a nuestra sociedad son: La denuncia, la lucha, el voto y la educación. El desafío es saber en qué momento hay que poner a cada una en acción.

La primera, la denuncia, la hacemos a medias. Nos fascina señalar en redes sociales a servidores públicos y ciudadanos que hacen algo malo, pero allí lo dejamos. No nos queda claro que eso sólo es evidencia que debe exhibirse ante la autoridad si en verdad queremos un cambio. Pero como el proceso es cansado preferimos evitarnos la fatiga y con un like hacer justicia. La lucha social o rebelión es peligrosa, pero a veces necesaria, por eso no abundaré sobre el tema, prefiero que esa quede siempre como la última alternativa.

El voto es poderoso, pero sólo si se ejerce en contra de los verdugos del pueblo, los secuestradores de la democracia, los bandidos encumbrados de partidos conocidos. Y sobre todo, debe ser un sufragio acompañado de conocimiento, un derecho ejercido con la cabeza fría y el estómago lleno, pues el hambre y la ignorancia son los yugos preferidos de los grandes partidos. Y por último, la que yo he bautizado como el “arma de transformación masiva”: La educación.

El problema es que ésta rinde frutos después de 40 años o dos generaciones y los mexicanos sólo apostamos por los cambios inmediatos. Por eso las manifestaciones y las marchas no rinden frutos, pues para cuando salen ampollas y punzan los pies, ya hemos perdido todo el interés. La educación en un árbol que da sombra tras una o dos generaciones y sus frutos son los más extraordinarios e imparables motores del cambio, ya que con educación se crea la cultura de la denuncia, se encaminan luchas sociales no violentas y se emite un voto informado…. Al final de mi plática hubo muchas preguntas, dudas y comentarios, pues mi exposición fue educativa, para ir sembrando entre los jóvenes la semilla del cambio que veré reflejado cuando yo tenga unos ochenta años. Sin duda alguna, ¡vale la pena la espera!

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